Tu piel, sensor de tu alma que acelera mis sentidos, respira a mí alrededor,
buscándome, extrañándome. Mas tu intelecto te manda una señal imperativa diciendo que te alejes, pero yo no quiero. Tu oscuridad asecha tus días de sol, convirtiéndome en
en solo reflejos de tu vida pasada. Ahí es donde entro yo, piel que junto a la tuya explota en devoción convirtiendo nuestras mentes en solo una gran traición.
Explotando entre caos ya prefijado vamos hacia un lugar donde el tiempo alguna vez ya pasó, en donde reafirmamos nuestra presencia que alguna vez ya estuvo ahí, cometiendo los mismos errores que nosotros.
Viendo así nuestras sombras se mezclan hasta convertirse en solo una misma, en la que siempre debimos de estar, en la que el caos forma de alguna manera algo lógico, algo meramente explicable, algo certero, algo real.